lunes, 23 de febrero de 2009
Publicado por Desconocido @ 11:33  | Editoriales
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Reconozco el plexo valorativo social como una cuestión por lo menos dinámica. La intensidad y hasta la existencia de un valor, tiene relación con los intereses, los cambios antropológicos, el desarrollo tecnológico y las necesidades de una sociedad, entre muchas otras cosas.

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Por lo tanto, no existirán los mismos valores, y de existir, no ocuparán el mismo lugar en la escala, en uno u otro momento de la historia de una sociedad.

Asimismo no es mi intención referirme al tema de los valores desde un punto de vista escalado, donde ética y/o moral jueguen un papel desencadenante, y el resto de los valores sean dependientes de estos, y mucho menos pretendo hacer jugar en este pequeño desarrollo, papel alguno a las creencias religiosas. Lejos de eso, sólo pretendo establecer que elementos que puedan mencionarse como un valor social, parecen ineludibles en la reconstrucción de una sociedad, lo cual de todas formas, no es mas que una reflexión brutalmente subjetiva.

Lo primero que debe tenerse en cuenta, es que existen dos tipos de valores, los individuales y los sociales. Los individuales son aquellos que juegan un papel crucial en la construcción del propio ser, son valores internos, que pueden ser tal vez requisitos para alcanzar la felicidad, o el conocimiento o la belleza, incluso. Y si bien puede entenderse que en forma indirecta, por propiedad transitiva incluso, terminan tallando en la construcción del entramado social, preferimos en este caso referirnos sólo, a los valores sociales, aquellos que hacen a la relación entre dos o mas personas, y que inciden directamente, en la construcción de la identidad y del tejido social.

Son los valores colectivos, o que hacen a la construcción colectiva.

En esa búsqueda, parece importante darle un apartado a la confianza. Para la Real Academia Española la confianza es: la esperanza firme que se tiene de alguien o algo. En principio, tener esperanza implica tener objetivos. Es decir, la existencia de esperanza implica que se espera algo, se desea. Para una sociedad contar con confianza, implica contar con esperanza, es decir, poder tener el valor confianza como una adquisición de la sociedad, conlleva también esperanza, objetivos y la aceptable posibilidad de alcanzarlos.

Quisiera centrarme en la parte que se refiere a “en alguien” y no a la que hace mención a la posibilidad de tener esperanza firme en “algo”. En este último caso estaríamos al borde del realismo mágico. Tener esperanza en algo, solo puede tener un sentido si se apunta por lo religioso, y más que confianza deberíamos hablar de fe. En ese caso la esperanza radicaría en alguna entidad superior (Dios en mi caso particular), y no es mi intención en este caso analizar esa cuestión por demás diferente a lo que en realidad quisiera observar más profundamente, es decir, la “esperanza firme que se tiene en alguien”.

Porque es lo que hace a las relaciones interpersonales y al tejido social, es previo a la relación con algo. La sociedad podrá establecer claramente como será su relación con algo o con algo´s, cuando determine los límites y los aspectos de las relaciones entre alguienes, es decir entre sus propios componentes. Mientras así no sea, todas las relaciones externas serán inconclusas, mal definidas.

Nos referimos entonces a la confianza como valor social, o a la “esperanza firme en alguien”.

Cualquier relación interpersonal requiere confianza para desarrollarse adecuadamente. Las relaciones relacionadas con el mundo emocional, como la amistad, el amor, etc, tanto como las relacionadas con el mundo material, como los negocios o el empleo, así como aquellas que simplemente hacen a la buena vecindad o convivencia entre personas que sólo tienen en común haber elegido determinado sector del territorio donde habitar.

Y si bien es claro que todas estas relaciones necesitan de confianza, hoy extrañamente, no la hay. Vivo al lado de mi vecino del departamento “c”, pero salvo una emergencia excepcional, no lo dejaría encargado de mis hijos, ni de mi patrimonio, y evitaría en lo posible prestarle mi automóvil. Ni que decir de quien vive en otro edificio a no mas de 30 metros de distancia, a quien posiblemente nunca haya visto en mi vida.

Si avanzamos en la determinación del entorno confiable, a quien le firmaríamos un cheque en blanco (como figura de entrega de plena confianza), nos damos cuenta que sólo existen dos o tres personas a quien le entregaríamos tal muestra de confianza. Y unas pocas personas más a las cuales, por ejemplo, prestaríamos un departamento de nuestra propiedad, para que habiten, sin firmar un contrato lo mas ajustado posible para no llevarnos sorpresas.

¿Cómo construír una sociedad pujante y en crecimiento, sin el mínimo grado de confianza indispensable en nuestros semejantes? Simple, el dibujo platónico de acceso al conocimiento, y la incorporación del método inductivo como forma de incorporación del mismo, generarán que si repetidamente logramos confiar en nuestros semejantes, y mas luego obtenemos resultados positivos, en el mediano plazo podremos ser personas bastante mas confiadas, y a la vez, confiables, porque habremos entendido los frutos del intercambio en términos de confianza de lo que sea que hayamos puesto en juego: afectividad, dinero, la motocicleta.

¿Cómo lograr que de comienzo esa rueda de confianza entre los individuos para retejer un entramado social, casi totalmente disuelto?

Como primera medida, debemos refundar un contrato social real, moderno, tan simbólico como el anterior, pero con pautas actuales y cumplibles. No digo que cada persona sepa que es, y adonde se llega con un contrato social, ni que deba aprender a Hobbes, a Rousseau ni a Rawls. Si digo, que debe haber una formación de consciencia social, que apunte a que cada individuo entienda, que estableciendo otras pautas se puede vivir mejor, que sus hijos tendrán un mejor futuro, y todos nosotros una mejor vejez.

Y mientras esto ocurre, la sociedad debe lograr recuperar confianza en aquellos a quienes ha elegido para dirigir momentáneamente sus destinos. La única manera en que la confianza se recupere plenamente, es poder aprehenderla justamente por el método que se conoce, la inducción, y lo que solemos mirar es lo que nos importa. Siguiendo la misma lógica, nada más común que el gobierno electo democráticamente y por ende, nada será observado en mayor comunidad que un gobierno.

Si el gobierno consigue ser confiable para los ciudadanos y demostrar las ventajas que implica esa confianza en términos reales, totalmente utilitaristas, podrá claro conseguir que eso se traduzca en las relaciones interpersonales, y asistirá al nacimiento de una sociedad mejor. Veamos: si la gente confía en el gobierno, seguramente pagará mas impuestos, si el gobierno es confiable, seguramente invertirá tales impuestos en la misma sociedad, y por ende, existirán menos problemas de exclusión y menos dificultades para la vida. Si el gobierno es confiable, los ciudadanos tomarán mas riesgos en inversión, y por ende existirá mas trabajo. Los trabajadores confiarán en el cumplimiento por parte de los empleadores respecto a las pautas del contrato de trabajo, en principio porque sabrán que el gobierno hará cumplir las regulaciones, y a posteriori, simplemente porque será de suyo que las pautas se cumplen, habrá confianza.

Todo esto puede desarrollarse mucho más, puede avanzarse y profundizarse, pero no es la intención de estas líneas, otra que no sea la de un breve ensayo reflexivo.

Simplemente hay que saber, que una sociedad que adquiera ciertos valores, como en este caso, la confianza, es una sociedad menos agresiva (cualquier animal a la defensiva es agresivo, pero cuando confía no lo es) y por lo tanto mas segura; es una sociedad mas productiva, porque establece lazos de producción mas vigorosos y menos dependientes de la burocracia y la regulación; mas creativa, lo cual permite el desarrollo tecnológico y cultural; y lógicamente psicológicamente mucho mas sana en pos de un camino de desarrollo espiritual y material conjunto.

Sin confianza no hay sociedad, hay una aglomeración de gente que vive con alto grado de proximidad física en grave situación de riesgo. Tan grande proximidad en situación de desconfianza, es una mecha encendida, un peligro inminente de estallido interno.


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