viernes, 27 de febrero de 2009
Publicado por Desconocido @ 12:49  | Horacio Minotti
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La figura del Jefe de Gabinete de Ministros se incorporó con la reforma constitucional de 1994. La idea de los constituyentes fue establecer un sistema mixto, como pasó desde el vigente presidencialismo hacia un sistema parlamentario, con la concomitancia entre el Presidente de la Nación y una figura similar a la de un Primer Ministro.


El objetivo primario era mantener la institucionalidad ante los riesgos de caída de un gobierno, con la idea de que el presidente se mantendría en funciones hasta que dure su mandato y el Jefe de Gabinete sería mas fácilmente removido por el Congreso. Aún cuando el reemplazante fuese nombrado luego otra vez por el presidente, nadie podría someterse a sucesivos cambios en un cargo tan importante y debería consensuar con la oposición (con eventual mayoría parlamentaria) el nombre del reemplazante.

 

Pero la importancia del cargo estuvo vinculada con las funciones otorgadas por la Carta Magna en el mismo artículo 100, que en su inciso 1, encomienda al Jefe “la administración general del país”. Por tanto, su reemplazo sería el de una figura trascendental en el esquema de un gobierno, casi a la par del presidente.

También le encomienda la Constitución “hacer recaudar las rentas de la Nación”. Misión importante si las hay. Sin embargo, el Jefe de Gabinete no administra nada y mucho menos recauda. No tiene el control de la AFIP y siempre fue una figura secundaria frente al Presidente, e incluso frente a otros ministros de áreas mucho mas acotadas.

En definitiva no cumplió el rol para el cual se creo la institución. Frente a la crisis de 2001, no fue el fusible que pretendió el constituyente. Durante aquella crisis, se produjeron todas las situaciones como para poner a prueba el funcionamiento de la institución. El gobierno se debilitó y desacreditó, y la oposición, encarnada en el peronismo ganó las elecciones legislativas de Octubre, adueñándose, a partir del 10 de Diciembre de ese año, de la primera minoría en las dos Cámaras del Congreso.

Frente a todo esto, las consecuencias fueron la caída del Ministro de Economía primero, y la del Presidente de la Nación pocas horas después.  ¿El Jefe de Gabinete? A nadie la importó mucho de su suerte. El lugar lo ocupaba Cristian Colombo, excelente operador del Presidente, un hombre que consiguió establecer muy buena relación con los gobernadores de las provincias y con todo el arco político, pero que ni por asomo tenía la administración general del país.

Por lo tanto, frente a la debilidad del Jefe, la oposición y la sociedad pusieron  su mira en el Ministro más poderoso del Gabinete (el de Economía, Domingo Cavallo), y por el mismísimo presidente. Ahora, si el Jefe de Gabinete hubiese cumplido su rol y hubiere sido una figura significativa, su reemplazo por un hombre de consenso con la oposición que tenía el dominio del parlamento, habría sido suficiente para descomprimir la crisis institucional.

 

CONSENCUENCIAS SOCIALES

 

Los sistemas democráticos, pero hiperpresidencialistas, se diferencian en pocos “detalles” de las monarquías. La sociedad vota, pero ella y sus representantes en el Congreso, tienen pocas oportunidades de influir en los asuntos públicos.

 

Por lo tanto, la participación se reduce al sufragio cada cuatro años, lo que produce un profundo alejamiento de la gente con el dirigente político, los representantes del pueblo no influyen, las leyes son optativas, porque se decide gobernar por decreto, y si se consigue la remoción de un funcionario como el Jefe de Gabinete, en definitiva, lo que se reemplaza es un funcionario de menor jerarquía. Por lo tanto, incluso la elección bianual de representantes legislativos, termina siendo sólo un síntoma político de los tiempos por venir, pero no un cambio sustancial en la administración.

El presidente Raúl Alfonsín entró en un tobogán sin fin, después de perder las legislativas del ´87, terminó dejando el poder unos meses antes del fin de su mandato. No existía por entonces la figura del Jefe de Gabinete, pero de haber existido y haber Alfonsín acordado el nombramiento con los representantes de la mayoría legislativa, probablemente el gobierno hubiese llegado a término. Por su lado, el Presidente Carlos Menem, también fue derrotado en las legislativas de 1997 y eso marcó el final de su mandato. Si bien terminó sus días en el gobierno, no pudo detener la caída libre del país en términos económicos y sociales, y la derrota electoral de su partido dos años mas tarde.

Está dicho cuál fue el final del presidente Fernando De la Rúa en 2001. Con un Jefe de Gabinete que cumplirá funciones similares a las de un Primer Ministro, como pretendía el constituyente del ’94, nada de esto habría existido ni ocurrido.

La figura del Jefe de Gabinete, fue otra promesa incumplida de la reforma. Así y como está la cosa, nadie sabe bien que función cumple, más allá de ser el “espadachín mediático” del Presidente, como suele ocurrir. ¿Quién fue el Jefe de Gabinete de Eduardo Duhalde?, y ¿el último de Carlos Menem? Y ¿el primero del riojano?, ¿alguien se acordaba de Colombo antes de leer estas líneas? ¿Quién lo antecedió? La mayor parte de la gente no puede contestar estas preguntas.

El Jefe de Gabinete no ha cumplido su rol de ninguna manera, entre otras cosas porque se han elegido personas con poco volumen político para ese cargo, pero también, porque la reforma se quedó a mitad de camino, quiso, pero no supo cómo. Un paso más de la deuda institucional argentina.

Horacio Minotti
Editor PuntoJus

 

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