EDITORIAL DE HORACIO MINOTTI PARA "EL MIRADOR", POR RADIO PALERMO FM 94.7, DOMINGOS 12 HS.
Muchos trataron de extraer conclusiones políticas sobre la muerte de Raúl Alfonsín esta semana. Se especuló sobre el crecimiento que esto generaría en la figura del vicepresidente Julio Cobos y su anunciada vuelta a la UCR, por presunto pedido del mismo ex presidente. Algunos creyeron que era el momento de intentar imponer la candidatura de Ricardo Alfonsín por sobre la de Margarita Stolbizer, en la alianza UCR – Coalición Cívica en las listas en la Provincia de Buenos Aires.
También se mencionó que el radicalismo recuperaba terreno, se especuló sobre si esto favorecía o perjudicaba al gobierno, y una cuantas hipótesis diversas, de lo mas variadas, y en algún caso de lo mas disparatadas.
Creo ciertamente que el hecho ya produjo todas las consecuencias puntuales que podía producir, a saber: como primera medida Cobos encontró la excusa para reinsertarse en el radicalismo. A partir del voto no positivo que lo lanzó al estrellato político, el mendocino tuvo la oportunidad histórica de comenzar un armado político que cimentase un crecimiento real. Lo intentó desde afuera de la UCR, y se mostró impotente.
Salvo en Mendoza, donde tiene mayor presencia personal, obtuvo poco y nada, e incluso en su provincia, queda claro que para derrotar al justicialismo, incluso haciendo este un gobierno paupérrimo, debe unirse al radicalismo.
Esta dicho, Cobos vuelve.
¿Cual será su lugar en la estructura y el espacio?
Esta por verse, eso que vuelve para “conducir” el partido, bien, deberá ganarlo en elecciones internas y cerrando alianzas en la estructura, y no va a ser tan fácil, especialmente porque se le va a reclamar la renuncia, y ahora sería lógico ¿cómo va a encabezar el principal partido de oposición el vicepresidente en funciones de un gobierno?.
Por otro lado, no podría delegar esa conducción en algún ladero, no tiene Cobos en su entorno, dirigente alguno con el peso específico suficiente como para ser respetado por sus pares al punto de conducir al partido.
Así que la cosa esta complicada: difícilmente Cobos tenga la humildad para volver a ser uno más, y tampoco parece demasiado claro, como haría para “conducir” a un partido opositor desde la vicepresidencia. Fue invitado a la Convención e irá, sí, pero solo como símbolo, Cobos no tiene ningún poder de decisión en ese órgano.
La segunda consecuencia política cierta y efectiva, es mas local, de la Provincia de Buenos Aires. Por primer vez en 25 años, Moreau y Storani, no van a tallar en el armado de las listas radicales en ese gran distrito, y Ricardo Alfonsín, el hijo del gran líder, será el primer candidato a diputado nacional por el espacio (mas allá que después quede segundo de Stolbizer cuando se fundan con las listas de la CC bonaerense). Además Ricardo y el resto de los espacios internos provinciales terminarán de confeccionar las listas entre todos, sin la presencia de los mencionados Moreau y Storani.
Más allá de que esto haya ocurrido por la muerte de Don Raúl, es un acto de justicia y alivio. Primero porque Ricardo Alfonsín trabaja denodadamente para reformar el radicalismo de la provincia, desde hace diez años, porque ya es un político maduro y sólido, honesto y trabajador, y porque el radicalismo bonaerense era, en manos de los dos desplazados, una maraña de contubernios acuerdistas con el duhaldismo que lo habían transformado en la nada, en términos electorales, y en muy rentable para los negocios de unos pocos. Que Ricardo Alfonsín empiece a controlar los destinos de la UCR bonaerense, tendrá efectos ciertos y beneficiosos para el partido y la sociedad, en el corto plazo.
Esas son las dos únicas consecuencias reales en la política electoralista de los próximos tres meses, a causa del fallecimiento del hombre de Chascomús. En nada varía el panorama, ni del gobierno, ni de la oposición, ni del mismo radicalismo en términos de acuerdos y establecimientos de espacios en las alianzas y las listas.
SOCIOLOGÍA DEL DUELO
Sin embargo, me parece que el apuro por mostrar resultados que conllevan los análisis periodísticos, ha hecho que se deje de lado, el ponderar resultados realmente mucho mas importantes, pero empíricamente comprobables en el mediano y largo plazo. Como primera medida, debe procurarse una mirada mas sociológica que política de lo ocurrido, y cuando se la tenga si, profundizar la mirada política.
Si se proyecta en votos potenciales, a todos los asistentes a los funerales del Dr. Alfonsín, difícilmente el radicalismo pueda hoy perder una elección, al menos en la Capital Federal. Sin embargo, los últimos registros electorales de la UCR fueron calamitosos. Entonces ¿que expresó la gente esta semana?. Primero una conmoción emocional, derivada de virtudes absolutamente personales de Alfonsín que difícilmente alguien pueda usufructuar en propio beneficio político.
La gente despidió al último valiente de la política, al último hombre que en ocasiones pudo dejar de lado su propia seguridad personal en pos de una idea.
Ir en helicóptero a Campo de Mayo en Semana Santa, sin saber si no podían fusilarlo ni bien bajaba del mismo, fue un acto de arrojo extraordinario. Mas allá de si institucionalmente luego se vió obligado a llegar a acuerdos que el mismo no hubiese deseado, y que una vez más consistieron en poner en juego su prestigio político en pos de la supervivencia democrática.
¿Qué sacaba en términos de rédito personal Alfonsín entregando la ley de Punto Final?.
Si nos aventuramos en juicios contrafácticos, bien podríamos pensar que de no hacerlo hoy estaríamos hablando de un presidente destituido, que no negoció.
¿De que nos habría servido como sociedad haber tenido un terco inflexible en el poder, a la vez que una democracia nuevamente interrumpida?.
La valentía que despierta admiración es la que hace a un hombre poner en juego su propia vida, su propio prestigio y sus propios deseos, en pos de la idea que posee sobe lo que es mejor para la sociedad, y eso fue Alfonsín, el hombre que puso sus ideas por sobre todo lo demás, y esa es la admiración y la tristeza por la pérdida, del que parece haber sido el último idealista.
Preguntémosle a cualquiera que haga política cual fue la última vez que creyó en algo realmente, con fervor y entusiasmo. La sociedad argentina despidió su última utopía, la última parrafada de principios emocionalmente conmovedores, salida de boca de un político. Veamos, más allá de lo que uno crea sobre las ideas que llevó a cabo Carlos Menem, les guste o no las mismas, y dejando de lado la corrupción, aún aquellos que creyeron en él…
¿Alguien tiene un entusiasmo principista por el libre mercado? ¿puede hablarse de la “gesta de las privatizaciones”?.
Les guste o no esas ideas, nadie habrá podido seguirlas con entusiasmo, es frío, no hay en juego valores.
Aún cuando uno sea delarruista y crea en el sistema de convertibilidad, ¿puede arrogarse carácter heroico a la negativa de De la Rúa a abandonar el sistema inaugurado por Cavallo?, o ¿alguien puede hablar de la proeza del blindaje?.
Llegando al kirchnerismo, ¿fue heroico a estas alturas sacarles la ESMA a los militares pauperizados, con magros salarios hace 20 años, y sin pólvora ni fusiles, totalmente sometidos al sistema?. Aún para el mas kirchnerista, ¿se puede considerar una epopeya el enfrentamiento con el campo?.
Lo que la sociedad saludaba en los funerales de Raúl Alfonsín, y lo que despedía, es la emoción, la pasión, la valentía, el arrojo, el cierre de una etapa de epopeyas encarnadas en un hombre que nunca traicionó sus ideas, hayan sido o no compartidas por los que fueron a sus homenajes, y siempre creyendo que esas ideas iban en beneficio de la comunidad.
¿Cómo se refleja este fenómeno social en lo político?
Básicamente necesitamos volver a emocionarnos eso es evidente, somos humanos, queremos sentir, queremos vibrar. Nos emociona el cruce de los Andes por San Martín, porque fue una epopeya en marco de la búsqueda del bien común, coincidamos o no con las ideas políticas de del gran héroe patrio.
La búsqueda de la emoción, no solo pasa por encontrar otra figura con el liderazgo carismático de Alfonsín, con ese imán personal. Es cierto, la forma en que se transmiten las ideas, colabora con la mayor o menor emoción que estás despierten. Pero hay ideas que es imposible expresarlas con emoción, aún cuando uno fuese Alfredo Alcón.
La sociedad necesita ideas en que creer, por una parte, y personas en quien confiar por otra. Fíjese en su vida personal, cuando uno llega a la conclusión de que no puede confiar en nadie, probablemente entre en depresión o desesperación, y su vida esté arruinada, al punto tal que todo cambia y vuelve a ser mejor, cuando encuentra a alguien en quién confiar, aún cuando en su fuero muy íntimo sepa que todavía lo pueden traicionar. Bueno, en la política es igual, necesitamos depositar nuestra confianza, creerle al interlocutor.
¿Y como alguna persona puede hacer que recuperamos nuestra confianza?.
Solo si expresa ideas claras, convincentes, relacionadas con el bien común, comprensibles, simples, aplicables, podrá concitar confianza.
En resumen, confiabilidad e ideas es la fórmula, no ha de ser tan fácil, no lo hemos vuelto a obtener desde el ´83 hasta hoy. Pero tampoco tan complicado. La buena gente tiene que jugársela en política, porque esa cualidad se percibe, y eso genera el mantenimiento a rajatabla de los principios, indispensables para generar confianza, e ideas hay y muchas para establecer equilibrios y un sistema digno y justo para todos, al cabo nadie pretende mas que eso, para trabajar, criar a nuestros hijos y vivir en paz.
Solo queda agradecer al hombre que se fue. Los que llegamos a vivir su era, tuvimos la ocasión de creer, de tener fe en algo, un horizonte claro, una motivación.
¿Qué hubiese sido de este país, si en las elecciones de 1983 se hubiesen enfrentado Luder mas Herminio Iglesias, mas Triacca contra Balbin mas De la Rúa mas Perette?.
Me tienta arriesgar un destino trágico, pero no tendría sentido porque es un escenario no comprobable. Pero piénselo, imagínese una hipótesis como esa. Gracias Don Raúl por regalarnos la última utopía, y gracias también porque su existencia, nos regala la fe en que las mismas existen y en que podemos esperar recuperarlas.
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