sábado, 27 de junio de 2009
DON ARTURO, PERDON Y GRACIAS...

"Usted
me dio esa madrugada una inolvidable lección de civismo... su último
acto de gobierno fue transformar en auténtico demócrata a quien lo
estaba expulsando por la fuerza de las armas de su cargo
constitucional. Estas líneas pretenden condensar mi pedido de perdón
por la acción realizada en 1966 y mi agradecimiento por la lección que
usted me dio", del coronel Luis Perlinger, uno de los usurpadores que
entro a casa de gobierno aquel 28 de junio para derrocar a Arturo
Umberto Illia.
Hay otros pedidos de perdón que nunca se
escucharon. Quien suscribe no había nacido siquiera para entonces. Pero
pido perdón en nombre de la generación de mis padres y de mis abuelos
que observaron impasibles como un demócrata, un hombre de bien era
arrojado por una banda de delincuentes del cargo para el que había sido
elegido.
Escuche un millón de veces lo bueno que sería
este país si no nos robaran los gobernantes. Pero hemos colaborado por
acción u omisión sistemáticamente a evitar la honestidad en el poder.
Una sociedad contradictoria, si las hay. ¿Habremos aprendido algo?.
Estoy tentado de dar una respuesta contundente, pero prefiero no
escribirla.
Illia anuló los contratos petroleros firmados
por Frondizi, que establecían su privatización, en manos de empresas
extranjeras, caracterizándolos de nulos y de contrarios a los intereses
nacionales. La prensa, lo vapuleó, y Estados Unidos comenzó una
operación, clásica para la época, de desestabilización. Illia eliminó
toda prohibición contra las actividades partidarias de peronistas y
comunistas, prohibidas hasta entonces. Realizó una adecuada política
social, creando el Consejo del Salario, con representación oficial,
patronal y obrera, promulgando en 1964, la Ley del Salario Mínimo ,
Vital y Móvil, para proteger sobre todo, a los trabajadores más
carenciados. Las jubilaciones y pensiones también tuvieron establecidos
montos mínimos, mientras la canasta familiar básica era contenida con
precios máximos.
Illia dió aumentos significativos al
rubro educación en el presupuesto nacional, y luchó contra el
analfabetismo, a través de un programa de alfabetización. Dictó la ley
Oñativia, para controlar los precios, y el proceso de producción de los
medicamentos. Exigió una declaración jurada a los laboratorios sobre la
calidad, y costo de elaboración de los medicamentos, que nunca le fue
presentada. Durante su gobierno los gastos públicos disminuyeron, al
igual que la deuda externa, y las empresas estatales fueron
controladas, con la creación de la Sindicatura de Empresas del Estado.
Otro
avance y logro de su gestión fue el principio de su fin: la ley de
Asociaciones Profesionales restringió la entrada de dinero a los
sindicatos, hasta entonces comprados tanto por el peronismo como por lo
militares. Al mismo tiempo, el levantamiento de la proscripción al
peronismo llevó a que ese partido ganara las legislativas de 1965. Así,
los laboratorios norteamericanos, la CIA, el sindicalismo y los
militares fueron un cóctel imposible de contener.
Hasta
ahí, lógica política pura. Se enfrentó a las corporaciones más
poderosas y avanzaron sobre el Dr. Illia. Pero ¿y la gente? ¿porque lo
abandonó?. ¿Sera que no somos una sociedad adecuada para un presidente
honesto y democrático?, también se me ocurren algunas respuestas, pero
tampoco quiero darlas.
No vale la pena seguir, el único
objeto de estas líneas es, ahora que es tan pero tan tarde, pedirle
perdón en nombre las generaciones que me antecedieron, y darle las
gracias por su hombría de bien, su valentía y su honradez. Bendito sea.
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